
La comunidad de Alta Gracia vivió una noche especial con el tradicional paso de la Carroza de los Reyes Magos, una celebración que cada año convoca a numerosas familias y forma parte de las expresiones de fe más queridas de la ciudad. En esta edición, alrededor de 23 mil personas participaron y acompañaron el recorrido de los Reyes Magos, colmando las calles con alegría, emoción y espíritu festivo.
En esta ocasión, Monseñor Alejandro Musolino, participó por primera vez de esta celebración, acompañando a la comunidad y compartiendo unas palabras en las que destacó el sentido profundo de la Epifanía del Señor. “Es una gran alegría poder estar aquí, compartir este momento tan especial y esperar juntos la manifestación del Señor que llegó en la Navidad”, expresó.
La Carroza de los Reyes Magos, organizada por el Oratorio Salesiano con el acompañamiento de la Municipalidad de Alta Gracia, realizó su recorrido desde la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús por calle Tucumán hasta la explanada de la Estancia Jesuítica, regresando luego por calles España y Liniers. La jornada contó además con la participación del Coro Polifónico Municipal, que acompañó el recorrido con su música.
En este mismo espíritu, el Papa León XIV, al celebrar la Epifanía del Señor, recordó que “el Niño que los magos adoran es un Bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes”.
La celebración de la Epifanía en Alta Gracia fue una nueva ocasión para agradecer las tradiciones que siguen transmitiendo la fe y la esperanza en nuestras comunidades. Como Iglesia arquidiocesana, seguimos caminando juntos y compartiendo estos signos de vida que se multiplican en cada rincón.
Una tradición con raíces profundas en la comunidad de Alta Gracia
La celebración de la Noche de Reyes en Alta Gracia tiene sus orígenes en el año 1943, en un contexto marcado por la incertidumbre de la Segunda Guerra Mundial. Mientras el mundo atravesaba tiempos difíciles, la ciudad mantenía su ritmo sereno de pueblo serrano, con un oratorio lleno de chicos y una comunidad que encontraba en los gestos sencillos un motivo de esperanza.
Por entonces, la casa salesiana de Alta Gracia funcionaba como casa de salud para religiosos con tratamientos prolongados o con dificultades físicas, especialmente por enfermedades respiratorias. Aun así, un pequeño grupo de salesianos —animados por el espíritu de Don Bosco— sostenía el oratorio, celebraba la misa, visitaba familias y organizaba actividades para los niños.
Integraban aquella comunidad los padres Francisco Baeza, Alfredo Buttignol, Germán Gmelner, Paulino Ramírez, Federico López (fallecido en abril de 1943), Esteban Saldívar, junto al coadjutor Enrique Tulli, y los clérigos Román Doce, Hermando Ribot, Américo Rollón y Evaristo Schroh. En medio de la fragilidad, fueron ellos quienes dieron origen a una iniciativa que marcaría la historia de la ciudad.
Entre el 5 y el 6 de enero de 1943 se realizó el primer recorrido de la Carroza de Reyes: un carro sencillo, prestado, con trajes improvisados, avanzando por calles de tierra. Los Reyes Magos repartían estampitas del Niño Jesús y algunos caramelos donados, despertando sorpresa y emoción. Para muchos vecinos y niños, fue la primera vez que vieron a los Reyes caminar por las calles de Alta Gracia.
Lo que nació desde la fragilidad y la sencillez fue creciendo con el paso de los años hasta convertirse en una tradición profundamente arraigada, declarada de Interés Cultural Municipal. Sin perder su espíritu original, la carroza se fue renovando y hoy continúa siendo fruto del compromiso comunitario, la generosidad compartida y el deseo de seguir regalando alegría.
