El pasado sábado 15 de marzo, celebramos con alegría la ordenación diaconal de nuestro seminarista Joaquín Gutiérrez en el Santuario de la Virgen de Lourdes en Alta Gracia. La ceremonia fue presidida por el Arzobispo Cardenal Ángel Rossi SJ, quien en su homilía destacó la esencia del diaconado como un llamado al servicio y la humildad.
El Cardenal Rossi subrayó dos actitudes fundamentales que deben guiar la vida de un diácono: la intimidad con el Señor y el servicio a los demás. “Los diáconos son instituidos para cuidar a los más pequeños de la comunidad, para que, como dicen los Hechos de los Apóstoles, ninguno de ellos pase necesidad”.
La ordenación de Joaquín tuvo lugar en la víspera de la fiesta de nuestro querido Cura Brochero y en el marco de la novena de San José, dos figuras que inspiran el servicio pastoral con humildad y entrega. En su mensaje, el Arzobispo enfatizó que “el diácono está llamado a custodiar y acompañar, tal como San José custodió a María y al Niño Jesús con discreción, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad total”.
Monseñor recordó las palabras del Papa Francisco sobre el diaconado, destacando que los diáconos deben ser “centinelas” atentos a los alejados y a los pobres, ayudando a la comunidad a descubrir a Jesús en los rostros de quienes más lo necesitan. Enfatizó que el diaconado no es solo un paso previo al sacerdocio, sino una vocación permanente que marca el modo de ser sacerdote. “Si no se vive esta dimensión del servicio, todo ministerio se vacía por dentro y se vuelve mundano”, advirtió.
La misión del diácono es custodiar y acompañar, creando una “cultura de acogida” que sane con la palabra, que sepa que un encuentro cariñoso puede ser salvador y que se anime a la escucha con comprensión. “Custodiar significa cuidar fragilidades, como José cuidó la debilidad de una promesa, la debilidad de una mujer embarazada, la debilidad de un niño nacido a la intemperie. Ese es el ministerio: cuidar las fragilidades de nuestra gente”.
Con la ordenación de Joaquín Gutiérrez, renovamos el compromiso con una Iglesia servidora, cercana a los más necesitados y fiel a la misión de anunciar el Evangelio con humildad y generosidad.
Damos gracias al buen Dios que ha llamado a nuestro hermano al servicio del pueblo. Lo ponemos al cuidado de nuestra Madre, y lo encomendamos a sus oraciones.