El domingo 22 de junio, en el marco de la solemnidad de Corpus Christi, el arzobispo de Córdoba, Cardenal Ángel Rossi SJ, presidió tres celebraciones significativas que pusieron en el centro el misterio de la Eucaristía como presencia viva de Jesús y escuela de caridad.
La jornada comenzó con la misa radial de las 8:30 h desde la Parroquia Corazón Eucarístico de Jesús, en barrio Alto Alberdi. Luego, Monseñor Rossi celebró la Eucaristía dominical en la Catedral de Córdoba a las 10:00 h. Finalmente, por la tarde, participó en la celebración zonal de Corpus Christi en el Santuario Eucarístico Santísimo Sacramento, en la localidad de La Falda, correspondiente a la zona pastoral 7 del interior.
A lo largo y ancho de la arquidiócesis, los distintos decanatos vivieron esta fiesta con misas, procesiones, adoración eucarística y gestos comunitarios de fraternidad, como meriendas compartidas.
La Eucaristía, pan para los débiles y presencia entre los pequeños
Durante su homilía, Monseñor Ángel Rossi compartió una profunda reflexión sobre el sentido de la Eucaristía en la vida de los creyentes:
“La Eucaristía no es el premio de los intachables, sino el alimento de los débiles que necesitamos ser fortalecidos, de los heridos que necesitamos ser curados o aliviados…”
Inspirado en el Evangelio de la multiplicación de los panes, el arzobispo invitó a reconocer que muchas veces nos sentimos desbordados ante el sufrimiento y las necesidades del mundo, pero que Jesús siempre nos llama a poner lo poco que tenemos en sus manos:
“Denles ustedes de comer”, dice el Señor. El milagro de la sobreabundancia corre por cuenta de Él; la repartija, por cuenta de los discípulos.”
La Eucaristía, subrayó, es también una escuela de amor concreto al prójimo: “La presencia de Cristo en la Eucaristía nos tiene que llevar a la presencia misteriosa también de Cristo en los más débiles.”
La idea central de su mensaje fue clara y movilizadora: la Eucaristía es un don que nos transforma y nos compromete. Nos alimenta, nos consuela, y a la vez nos envía a descubrir a Jesús en los más pobres y vulnerables. Celebrar el Cuerpo de Cristo es también hacernos cuerpo con los otros.
Monseñor Rossi recordó que no hay verdadera vida cristiana sin compromiso con los hermanos más pequeños, con los que sufren carencias, soledades y dolores.
“Quien se nutre y vive en profundidad la presencia real de Cristo en la Eucaristía, sabe encontrarlo también en los más pobres.”
La homilía cerró con una invitación a cultivar un corazón eucarístico y agradecido, que transforme nuestra mirada y nos anime a vivir la fraternidad como respuesta concreta a la presencia de Jesús en nuestras vidas.
Podés leer la homilia completa aquí