La Iglesia ya no recibe ayuda del Estado: su misión se sostiene gracias al compromiso generoso de sus fieles. Pero muchas comunidades viven con lo justo y necesitan del esfuerzo de todos.
Un cambio histórico
Hasta 2018 existía una ayuda mensual del Estado nacional para obispos, sacerdotes y seminaristas que vivían en zona de fronteras, establecida por ley en 1979. Pero ese esquema comenzó a modificarse gracias a una decisión voluntaria y firme de la Conferencia Episcopal Argentina. El proceso concluyó en 2024: hoy la Iglesia no recibe ninguna asignación estatal de ese tipo.
Este cambio marcó un paso importante hacia una Iglesia sostenida por su propia comunidad. Como en una familia, la vida cotidiana de cada parroquia se mantiene gracias a quienes forman parte de ella. Eso incluye desde los gastos de luz, gas o teléfono, hasta el mantenimiento del templo, las actividades pastorales y la ayuda concreta a los más necesitados.
Corresponsables de una misma misión
En nuestra Arquidiócesis de Córdoba, muchas de las casi 300 parroquias viven con lo justo. A veces, con dificultad para afrontar los gastos mensuales. Y en varios casos, el sacerdote y su comunidad tienen que “achicar” actividades o salir a pedir ayuda concreta para cubrir un arreglo urgente o pagar una cuenta atrasada.
Por eso, cada gesto de colaboración es valiosísimo. Las colectas en misa, las transferencias mensuales de quienes pueden comprometerse, o incluso una ayuda puntual, son esenciales para que la parroquia siga abierta, viva y en salida misionera.
Cada una administra sus propios ingresos y egresos a través de un consejo de asuntos económicos, que busca cuidar con responsabilidad y transparencia los recursos que la comunidad confía.
Transparencia, compromiso y gratitud
El compromiso económico de los fieles no solo es necesario: es un signo de comunión. Por eso, en muchas parroquias se elaboran informes anuales de ingresos y gastos, que se comparten con la comunidad como un gesto de confianza y cuidado mutuo.
Además, desde el Arzobispado, contamos con un servicio de contaduría que brinda acompañamiento a las parroquias, y una Oficina de Proyectos que busca gestionar recursos para iniciativas pastorales, sociales y edilicias. En especial, se priorizan acciones vinculadas a los jóvenes, los pobres, la educación, el trabajo y el cuidado de la casa común.
Mucho más que números
El aporte de los fieles es tiempo, talento, oración y compromiso. Gracias a cada uno de esos gestos silenciosos y generosos, la Iglesia en Córdoba puede seguir anunciando el Evangelio, acompañando a los más frágiles, formando comunidades vivas y celebrando la fe.
A veces, quienes desconocen esta realidad afirman que “la Iglesia vive del Estado”. Sin embargo, en muchos lugares es al revés: es la Iglesia la que sostiene espacios que el Estado no alcanza, especialmente en zonas rurales o barrios vulnerables. Allí, el primero en ser llamado no es un funcionario, sino un cura o una religiosa, que con sencillez y entrega intentan dar respuesta a las necesidades concretas del pueblo.
¡GRACIAS!
Desde el Arzobispado de Córdoba agradecemos profundamente a todos los que, de distintas maneras, hacen posible esta misión. Nada de esto sería posible sin vos. Porque el corazón de la Iglesia late gracias al amor y la entrega de su gente.