El pasado 22 de marzo, el Barrio Ituzaingó Anexo vivió una jornada que quedará grabada en la memoria espiritual de su gente. En un clima de profunda alegría y recogimiento, se llevó a cabo la solemne Dedicación de la iglesia y del altar de la Parroquia María y José, una ceremonia que renovó el compromiso de una comunidad viva.
La Eucaristía fue presidida por el Cardenal Ángel Rossi, quien, acompañado por sacerdotes y seminaristas diocesanos, recordó que un templo es, ante todo, una “casa de encuentro”. La liturgia, cargada de símbolos ancestrales como la unción con el santo crisma y el revestimiento del altar, conmovió a los fieles que colmaron la nave central.
Uno de los momentos más significativos fue la colocación de seis reliquias en la mesa del altar, vinculando a la parroquia con el testimonio de santidad que ha marcado nuestra tierra. Entre ellas:
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San José Gabriel Brochero y la Beata Madre del Tránsito Cabanillas.
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Santa Lucía Romana y la Beata Madre Catalina de María Rodríguez.
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El Beato Monseñor Enrique Angelelli y el Beato Fray Mamerto Esquiú.
Esta presencia de los santos y beatos en el cimiento del altar nos recuerda que la fe se construye sobre la entrega de quienes nos precedieron. Hoy, la Parroquia María y José es un faro de luz en el barrio, un espacio donde la presencia de Dios se hace palpable en el abrazo fraterno y en la fracción del pan.