El pasado sábado, el clima de fraternidad se sintió con fuerza en nuestra arquidiócesis durante el encuentro de los Consejos de Asuntos Económicos Parroquiales (CAEP). No fue una simple reunión administrativa de números y balances; fue una verdadera jornada de comunidad donde representantes de diversas parroquias se sentaron a compartir sus vivencias. Entre mates y charlas, el objetivo común quedó más que claro: transformar la gestión en un testimonio vivo de transparencia y fidelidad a la misión que se les ha confiado.
En el corazón de la Iglesia cordobesa, entendemos que el orden no es una cuestión de fría burocracia, sino una auténtica forma de caridad. Cuando las cuentas están claras y la administración es eficiente, los recursos fluyen con mayor agilidad hacia donde realmente importa: nuestras capillas, la vida parroquial y, especialmente, hacia los hermanos que más lo necesitan. Como comunidades que caminan juntas, cada peso bien administrado se traduce en una mano tendida y en un espacio de fe más sólido para todos.
La jornada también fue un espacio de estudio intenso. Los integrantes de los consejos trabajaron sobre los documentos que guían su labor, reafirmando que ser “buenos administradores de los bienes de Dios” exige una mezcla equilibrada de profesionalismo y fe. No se trata solo de saber de contabilidad, sino de abordar cada tarea con un profundo espíritu de servicio, entendiendo que el compromiso y la formación constante son las herramientas necesarias para custodiar lo que pertenece a la comunidad.
Al finalizar el encuentro, quedó un sentimiento de profunda gratitud hacia estos hombres y mujeres que, muchas veces desde el anonimato, sostienen el engranaje de nuestra Iglesia. Su entrega silenciosa es un ministerio esencial que permite que la evangelización siga dando frutos en cada rincón de Córdoba. Rezamos por ellos, para que sigan desempeñando su tarea con la misma pasión y responsabilidad.