El sábado 5 de abril, en el Colegio Taborín, se llevó a cabo el Encuentro Pastoral Arquidiocesano 2025, una jornada que este año asumió una modalidad diferente: fueron convocados representantes del Consejo Pastoral Arquidiocesano (CPA), dos referentes por cada zona pastoral y representantes de los distintos organismos pastorales.
La mañana comenzó con alegría y alabanza de la mano de los seminaristas, quienes animaron a los presentes con música y cantos. Luego, una dinámica de presentación —con movimiento, música y mucho entusiasmo— ayudó a romper el hielo y fortalecer el sentido comunitario.
Un liderazgo sinodal para la misión
El momento central de la jornada estuvo a cargo del Arzobispo Cardenal Ángel Rossi SJ, quien ofreció una profunda reflexión sobre el liderazgo sinodal. Invitó a vivir un estilo de conducción pastoral que sea cercano, comunitario y evangélico, animando procesos más que controlando estructuras, y discerniendo juntos el camino que el Espíritu propone.
En su reflexión, el Cardenal Rossi destacó que el liderazgo cristiano no es una cuestión de poder, sino de servicio. Subrayó que ser líder en clave sinodal implica escuchar más de lo que se habla, acompañar más que dirigir, y animar procesos comunitarios donde todos se sientan parte y protagonistas del camino eclesial.
Con palabras sencillas pero firmes, recordó que la sinodalidad no es una moda ni una estrategia organizativa, sino una manera de ser Iglesia, profundamente arraigada en el Evangelio y en la vida de Jesús, que caminaba con su pueblo, se dejaba interpelar por los demás y discernía con otros la voluntad del Padre.
“Necesitamos líderes con olor a pueblo, con sensibilidad pastoral, que no teman ensuciarse los pies en el barro del camino compartido”, dijo. E invitó a cultivar un estilo de presencia que no acapara decisiones, sino que promueve el diálogo, la participación y la escucha de la voz del Espíritu que sopla en la comunidad.
Otro de los ejes centrales de su intervención fue la invitación a superar la lógica de “hacer por” para abrazar la lógica de “hacer con”. En otras palabras, dejar de lado el activismo individualista para abrirse a la construcción colectiva, donde todos, desde su carisma y lugar, aportan a la misión común.
También puso énfasis en que la sinodalidad no es algo que se impone desde arriba, sino un movimiento d
el Espíritu que se encarna en lo cotidiano: en una reunión pastoral, en una conversación después de misa, en la escucha atenta de los más pequeños o marginados, en los gestos concretos de servicio silencioso.
En un año donde toda la Iglesia vive el Año Jubilar, el mensaje de nuestro Arzobispo es una invitación a renovar nuestra manera de estar y servir en la comunidad. Nos recuerda que caminar juntos es el signo más visible de una Iglesia que se deja conducir por el Espíritu, y que cada paso en esa dirección es una respuesta fiel al Evangelio.
Su mensaje fue, sin dudas, una palabra que no solo iluminó, sino que también despertó, interpeló y animó. Permanece latiendo en cada uno de los participantes, e impulsa a seguir apostando por una Iglesia viva, cercana y en salida.
Un paso más hacia la corresponsabilidad
El Obispo Auxiliar Mons. Horacio Álvarez presentó el nuevo organigrama arquidiocesano, en el marco del llamado a vivir un liderazgo sinodal, en corresponsabilidad y comunión. Señaló que este organigrama no es un instrumento perfecto ni acabado, sino una herramienta viva que busca reflejar la diversidad y la riqueza de nuestra arquidiócesis, y favorecer una forma de trabajo en red, donde todas las áreas y actores pastorales se sientan parte de un mismo cuerpo eclesial.
Este mapa organizativo no está pensado para “apabullarnos”, sino para reavivar el asombro por la belleza de lo que somos como Iglesia, y ayudarnos a crecer en la conciencia del “nosotros”. Porque ser líderes en clave sinodal implica ser capaces de pasar del “yo” al “nosotros”, de “mi parroquia o pastoral” a “nuestra diócesis”, y asumir como propia cada realidad, cada persona, cada talento, cada carisma que integran el entramado pastoral de Córdoba.
La sinodalidad se concreta, así, en la capacidad de mirar y valorar la totalidad, de sentirnos responsables de lo común, de lo compartido. Y esto es especialmente necesario en una diócesis como la nuestra, que tiene una historia larga y fecunda, pero que no se queda anclada en el pasado: su riqueza nos impulsa a proyectar juntos el futuro.
La Arquidiócesis de Córdoba, situada en el corazón de la provincia, no solo abarca la capital sino también un conjunto de localidades del interior, y se encuentra rodeada de numerosas iglesias que prestan su servicio con espíritu de comunión. Esta realidad exige una mirada pastoral amplia y orgánica, donde todos se sientan convocados a construir, discernir y caminar juntos.
Peregrinos de esperanza, CAMINAMOS JUNTOS
A través de herramientas digitales, se generó un espacio de intercambio que permitió compartir resonancias en torno al mensaje del Arzobispo y a la propuesta organizativa presentada. Preguntas como “¿Qué me queda resonando?” o “¿A qué me siento llamado?” guiaron una reflexión colectiva y profunda. Laicos, consagrados, sacerdotes y diáconos pudieron expresarse con libertad, compartiendo sentires, intuiciones y sugerencias. En un clima de respeto, escucha y fraternidad, se hicieron presentes las distintas voces que enriquecen la vida de nuestra Iglesia.
Para cerrar el encuentro se vivió un momento de oración profundo y significativo bajo el lema “Peregrinos de Esperanza”. Se llevó a cabo con una peregrinación simbólica estructurada en tres paradas significativas:
- Signos de los tiempos, signos de esperanza:
Se leyó un pasaje del Evangelio de Mateo y se reflexionó sobre la importancia de reconocer y ser signos de esperanza en el mundo de hoy. Se invitó a mirar con fe las cosas buenas que ya están ocurriendo, sin dejar de ver también los lugares y situaciones que todavía necesitan esa esperanza. - Perdón y reconciliación:
Desde la carta de San Pablo, se profundizó en el llamado a reconciliarnos con Dios y con los demás. Se realizó un gesto simbólico atando tiras de tela, representando nuestros nudos personales y comunitarios, para formar una única tira como signo de unidad y deseo de sanar. - Ungidos para ungir:
En la capilla, inspirados por el Evangelio de Lucas, se reafirmó la vocación de servicio que todo referente pastoral asume. Se realizó un gesto de unción mutua de manos, como signo del envío a ser Buena Noticia para los más frágiles.
Se trató de un gesto de esperanza, comunión y envío, donde todos pidieron juntos la gracia del Espíritu Santo para seguir caminando como Iglesia en salida, sinodal, servidora y esperanzada.
Encontrá el material trabajado aquí: