“La fe es operante, transformante, comprometedora, signo de contradicción”, decía Mons. Enrique Angelelli, cuya vida y testimonio siguen conmoviendo e inspirando a la Iglesia argentina. A 49 años de su martirio, junto al de los beatos Wenceslao Pedernera, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, la Iglesia de Córdoba dio inicio al camino de conmemoración de los 50 años de su entrega.
La celebración fue el pasado lunes 4 de agosto en la Iglesia Catedral, presidida por el arzobispo de Córdoba, Cardenal Ángel Rossi SJ, quien anunció la conformación de una comisión especial que trabajará durante todo el 2026 para conmemorar este aniversario tan significativo. El objetivo: honrar su legado, profundizar en su mensaje y hacer viva su memoria entre nosotros.
Durante la misa, el padre Ángel compartió una sentida homilía, en la que recordó a Angelelli como un verdadero apóstol: “el hombre del amor, el que se olvida de sí mismo para ofrecerlo a los demás, el que hace suyo cada dolor y cada gemido humano”. También destacó su cercanía con el pueblo: “Supo aterrizar los sueños y hacerlos pan, techo, trabajo”, dijo.
En un momento muy emotivo de la celebración, se entregó al arzobispo la documentación del proceso de beatificación de Mons. Angelelli, junto con una placa conmemorativa enviada por la provincia de La Rioja, como signo del profundo vínculo que une nuestras iglesias y territorios en la memoria agradecida de este pastor mártir. Se encontraba presente también el vice intendente de la ciudad de Córdoba, Javier Pretto.
Angelelli, nacido y formado en nuestra ciudad, fue obispo auxiliar de Córdoba y participó activamente del Concilio Vaticano II. Su vida estuvo marcada por una fe lúcida, encarnada y profundamente comprometida. “Tenía bien conectada la cabeza con el corazón y las manos”, recordó el padre Ángel, subrayando su sabiduría práctica y su ternura pastoral.
Con esta misa comienza formalmente el camino hacia el 50° aniversario del martirio, que se celebrará en 2026 con distintas propuestas pastorales, culturales y comunitarias. Será una oportunidad para seguir reconociendo la figura de Mons. Angelelli y sus compañeros mártires como testigos del Evangelio y de una Iglesia que camina con su pueblo.
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