El domingo 7 de septiembre, la Iglesia universal vivió un hecho histórico: el Papa León XIV presidió la celebración Eucarística con el rito de canonización de los Beatos Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati en una multitudinaria Plaza de San Pedro.
En su homilía, el Santo Padre destacó que estos jóvenes “respondieron ‘sí’ a Dios y se entregaron a Él plenamente, sin guardar nada para sí”. Dos vidas breves pero intensas, que siguen mostrando al mundo que la santidad es posible en lo cotidiano, en la amistad, el estudio, el servicio y la alegría de vivir el Evangelio.
La canonización fue seguida con profundo gozo por toda la Iglesia, y también en Córdoba se vivió con un espíritu de comunión y esperanza. En distintas parroquias y comunidades de nuestra arquidiócesis se organizaron celebraciones, adoraciones y momentos de oración, agradeciendo el testimonio luminoso de estos nuevos santos y pidiendo su intercesión por las juventudes de hoy.
La comunidad educativa del Colegio FASTA Villa Eucarística organizó una jornada abierta que convocó a jóvenes, familias, exalumnos y movimientos eclesiales. El encuentro comenzó con una peregrinación de más de 300 personas desde la parroquia Cristo Redentor hasta el colegio, acompañados por las reliquias de Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati.
La llegada estuvo marcada por una Misa con alrededor de 800 fieles, en la que se vivió un clima de profunda oración, reconciliación y fe. Luego, se realizó la imposición de las reliquias, especialmente a enfermos, y se dio inicio a una vigilia juvenil con más de 120 participantes. Hubo momentos de testimonios, teatro, adoración, música y también espacios de fraternidad, hasta llegar juntos a la transmisión en vivo de la canonización desde Roma.
“Fue muy emocionante ver cómo Carlo y Pier Giorgio inspiran a tantos jóvenes a vivir la fe con alegría y compromiso. La santidad es posible hoy, en nuestra vida cotidiana”, compartió uno de los organizadores.
En la localidad del interior La Falda, más precisamente en el santuario eucarístico de la parroquia Santísimo Sacramento la fiesta comenzó con un desayuno con niños, adolescentes y jóvenes en los jardines del templo, continuó con una procesión por las calles cercanas a la plaza San Martín y culminó con una misa solemne, en la que los fieles pudieron venerar las reliquias de Carlo Acutis —un mechón de cabello y parte de su ropa— entronizadas en el santuario.
“Fue una fiesta para La Falda y para peregrinos de ciudades vecinas que se acercaron”, relató el párroco, padre Gastón Gattino.
En este mismo marco, desde la Arquidiócesis de Córdoba se está organizando una peregrinación juvenil al santuario el próximo 23 de noviembre, en el contexto de la Jornada Mundial de la Juventud Diocesana. La propuesta busca reunir a jóvenes de distintos puntos de la diócesis para compartir un día de oración, encuentro y fraternidad, y comenzar a establecer una fecha fija de peregrinación anual al santuario.
Estos gestos sencillos pero llenos de fe nos recuerdan que la santidad no se vive en soledad, sino que se celebra y se comparte en comunidad. Así como Carlo y Pier Giorgio hicieron de su vida cotidiana un camino de encuentro con Cristo, también nosotros estamos llamados a testimoniar que la alegría del Evangelio puede transformar nuestras comunidades.
Dos jóvenes santos para nuestro tiempo
Pier Giorgio Frassati: el hombre de las Bienaventuranzas
Nacido en Turín en 1901, en una familia acomodada, Pier Giorgio vivió intensamente la fe en medio del mundo: estudiando ingeniería, practicando deportes, participando en la vida social y política, y sobre todo, sirviendo a los pobres con discreción y alegría.
San Juan Pablo II lo llamó “el hombre de las Bienaventuranzas” al beatificarlo en 1990. Su muerte a los 24 años, a causa de la polio, reveló la magnitud de su entrega silenciosa: multitudes de pobres acudieron a su funeral, sorprendiendo incluso a su propia familia. Frassati nos recuerda que la vida laical también es camino de santidad, y que lo cotidiano puede ser espacio de encuentro pleno con Cristo.
Carlo Acutis: el primer santo millennial y ciberapóstol de la Eucaristía
Carlo nació en 1991 en Londres, pero creció en Milán. Apasionado por la tecnología, disfrutaba de programar páginas web, usar el celular, jugar a la PlayStation y compartir momentos con sus amigos. Desde pequeño mostró un amor profundo por Jesús, a quien llamaba su “gran Amigo”. La Eucaristía fue el centro de su vida, su “autopista hacia el cielo”.
Apasionado por la informática, utilizó su talento para evangelizar: creó páginas web para su colegio, su parroquia y una gran exposición de milagros eucarísticos que hoy sigue recorriendo el mundo.
En 2006, a los 15 años, fue diagnosticado con leucemia fulminante. Vivió sus últimos días con una paz impresionante, ofreciendo su sufrimiento por la Iglesia y el Papa. Falleció el 12 de octubre de ese año, dejando un testimonio luminoso de santidad juvenil y cercana.
Su canonización marca un hecho histórico: Carlo es el primer santo millennial de la Iglesia, un joven de nuestra época que supo integrar la vida digital con la fe, mostrando que la santidad también se puede vivir en el siglo XXI.
Santos “de la puerta de al lado”
Pier Giorgio y Carlo muestran que la santidad no es un ideal lejano, sino una posibilidad concreta. Nos recuerdan que la santidad no está reservada a unos pocos ni a realidades extraordinarias, sino que también se escribe en lo simple de cada día, en una fe vivida con naturalidad y corazón joven. Jóvenes comunes, con pasiones, amistades y estudios, que vivieron con la mirada fija en Cristo.