Desde el Espacio Puente Cura Brochero, perteneciente a la familia del Hogar de Cristo, se inauguraron dos nuevos Cuartos Umbrales, un paso más en el camino de acompañamiento a personas que llegan desde la calle, atravesadas por situaciones de consumo y exclusión.
Los Umbrales del Hogar de Cristo no constituyen un circuito rígido, sino un camino abierto que recibe la vida como viene, respetando los tiempos, las historias y los procesos de cada hermano y hermana. Cada Umbral es un paso que se anima a dar una persona y un logro que la comunidad celebra.
Este camino busca hacer realidad el sueño de Jesús: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Esa vida en abundancia se vuelve concreta cuando un hermano deja la calle, se sienta a una mesa compartida, comienza a reconstruir sus vínculos y se anima, poco a poco, a soñar una vida sana y digna.
La apertura de estas dos nuevas casas es también un signo del crecimiento de la Familia Grande del Hogar de Cristo, una familia que elige extender el abrazo y no dejar a nadie afuera.
Los nuevos Cuartos Umbrales llevan nombres que expresan su identidad y misión:
- Mamá Antula, Cuarto Umbral de mujeres
- Padre Hurtado, Cuarto Umbral de varones
Ambos espacios están orientados al servicio de los más pobres, inspirados en el testimonio de quienes supieron vivir una fe encarnada en el compromiso concreto con los demás.
Un rasgo profundamente esperanzador de estos Umbrales es que muchos de quienes hoy los habitan son los mismos que salen al encuentro de quienes todavía permanecen en la calle. Desde su propia experiencia, se convierten en testigos de misericordia y esperanza, capaces de recibir, abrazar y acompañar a otros en el inicio de un nuevo camino.
Como Iglesia arquidiocesana, damos gracias a Dios por estos nuevos espacios que se abren, por cada persona que los hace posibles con su compromiso cotidiano y por quienes los habitarán, con sus historias, búsquedas y esperanzas. Encomendamos este camino a la oración de toda la comunidad, para que estos Umbrales sigan siendo lugares de encuentro, sanación y vida nueva, donde nadie quede afuera y el amor de Dios se haga cercano y concreto.