Durante una semana, jóvenes universitarios y profesionales eligieron poner sus manos, sus saberes y su tiempo al servicio de otros. Así se vivió una nueva edición del Manos a la Obra (MO) en Córdoba, una experiencia que crece, se afianza y sigue dejando huella.
El MO es un proyecto de la Pastoral Universitaria, destinado a jóvenes de entre 18 y 35 años, que propone una vivencia intensa de encuentro, compromiso social y formación humana. Cada verano, durante cinco días, los participantes se insertan en una comunidad concreta para compartir la vida cotidiana, trabajar junto a los vecinos y dejarse transformar por la realidad.
Un proyecto que nació del deseo de replicar lo vivido
El Manos a la Obra llegó a Córdoba a partir de una experiencia previa: en enero de 2024, un grupo de jóvenes participó del MO en Rosario y, conmovidos por lo vivido, decidió traer y adaptar la propuesta a nuestra arquidiócesis. Así, en enero de 2025 se realizó la primera edición y este año se llevó adelante la segunda experiencia consecutiva, reafirmando una opción clave del proyecto: trabajar durante tres años seguidos en la misma comunidad, para generar procesos reales y sostenidos.
Entre el 28 de enero y el 1 de febrero, alrededor de 60 jóvenes provenientes principalmente de la Arquidiócesis de Córdoba, y también de Villa María, Río Cuarto y Tucumán, compartieron la misión en el barrio La Campana, de la ciudad de La Calera, donde se desarrolla el segundo año de intervención.
El proyecto cuenta con el acompañamiento del Padre Marco Bustos, asesor de la Pastoral Universitaria y del MO, y se sostiene gracias al compromiso de un equipo de jóvenes que, a lo largo de todo el año, asume distintas áreas de organización para que la experiencia sea posible.
Tres proyectos, una misma comunidad
Durante los cinco días de misión, los jóvenes se organizaron en distintos proyectos según sus carreras y profesiones, apostando a un trabajo interdisciplinario y comunitario.
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Educación y Desarrollo: espacios recreativos y educativos con niños, talleres expresivos, propuestas de lecto-escritura, fotografía, costura y recolección de historias del barrio, buscando fortalecer la identidad, la participación y el protagonismo comunitario.
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Construcción y Ambiente: mejoras en espacios públicos, limpieza de plazas, armado y pintura de bancos y tachos de basura, mantenimiento de juegos, separación de residuos y un taller de huerta, promoviendo el cuidado del ambiente y la apropiación de los espacios comunes.
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Salud y Bienestar: controles básicos de salud, talleres de nutrición y vida saludable, actividades deportivas, espacios de reflexión sobre autoestima y prevención de adicciones, cine-debate y una feria comunitaria de cierre con emprendedores del barrio.
El cierre de la semana fue una verdadera celebración comunitaria, donde vecinos y “moenses” (así se llaman quienes participan del MO) compartieron lo trabajado, los aprendizajes y la alegría del camino recorrido.
Una dinámica que cuida los procesos
Cada jornada combinó momentos de formación humana, trabajo en el barrio, evaluación de lo vivido y espacios de encuentro fraterno. La propuesta del MO busca que todos los jóvenes se sientan parte, más allá de su credo, por eso la formación no es confesional y las instancias espirituales son siempre optativas.
Lejos de ser solo una experiencia de acción puntual, el Manos a la Obra se apoya en un proceso previo de planificación, visitas diagnóstico y trabajo sostenido durante todo el año, para que la intervención sea situada y respetuosa de la realidad de la comunidad.
“Con tus manos, la esperanza nos transforma”
Ese fue el lema que acompañó esta edición y que se volvió experiencia concreta. Muchos jóvenes expresaron que el MO marcó un antes y un después: un espacio para salir de la propia burbuja, reencontrarse con el sentido de la vocación, animarse a vínculos más auténticos y descubrir que el servicio, vivido con otros, transforma.
El acompañamiento cercano de sacerdotes y obispos, que compartieron la vida cotidiana y el trabajo en el barrio como un moense más, fue también un signo fuerte de una Iglesia que camina, escucha y se arremanga junto a los jóvenes.
El Manos a la Obra sigue creciendo como una experiencia profundamente formativa, donde el hacer y el dejarse transformar van de la mano. Un espacio donde los saberes se ponen al servicio, los corazones se ablandan y la esperanza se construye, día a día, con las manos y con otros.
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