En el corazón sereno del Santuario de Villa Cura Brochero, allí donde la fe se mezcla con el polvo de los caminos serranos, los obispos de la Región Pastoral Centro volvieron a encontrarse como hermanos. No fue solo una reunión más: fue un tiempo para detenerse, escuchar y dejarse renovar por la Palabra que, como ellos mismos expresaron, “fecunda el campo del mundo como la lluvia”.
Reunidos en la Casa de Ejercicios Espirituales fundada por José Gabriel del Rosario Brochero, compartieron jornadas de oración sencilla y profunda, de diálogo sincero y fraternidad episcopal. En ese clima de Cuaresma, mientras celebraban cada día la Eucaristía junto a los peregrinos, volvieron la mirada a sus diócesis cordobesas: comunidades distintas entre sí, con desafíos propios, pero todas sostenidas por la misma esperanza y animadas por la fuerza del Espíritu.
Con particular gratitud destacaron la entrega de tantos grupos misioneros que, durante el verano, recorren pueblos y barrios llevando el Evangelio casa por casa. Jóvenes adolescentes, universitarios, seminaristas, laicos y consagrados que ofrecen su descanso para compartir la alegría de la fe. En ellos reconocen un signo luminoso de lo que expresó el Documento de Documento de Aparecida: conocer a Jesús es el mayor regalo, y anunciarlo, el gozo más hondo.
Este impulso misionero —subrayaron— no reemplaza, sino que fortalece la pastoral cotidiana: la siembra paciente de catequistas, sacerdotes, diáconos y tantos servidores anónimos que, día tras día, sostienen la vida de las parroquias. “Damos gracias a Dios por esta siembra fecunda”, afirmaron, evocando al profeta Isaías y su imagen de la lluvia que no vuelve al cielo sin empapar la tierra.
Al mirar el testimonio del santo Cura Brochero, recordaron su creatividad audaz y su cercanía con los más olvidados. En Jesucristo contemplan el rostro del Buen Pastor que no abandona a su pueblo y que se deja encontrar en el hambriento, el forastero y el enfermo.
También reafirmaron que la escuela del Evangelio impulsa a transformar la realidad con el amor de Cristo, encontrando en la Doctrina Social de la Iglesia un camino fecundo para promover justicia y bien común.
Al concluir, resonó en sus corazones la invitación de Pablo VI en Evangelii nuntiandi: volver a la “dulce y confortadora alegría de evangelizar”. Confiados a la Purísima y al santo Brochero, regresaron a sus diócesis agradecidos por la fe esperanzada y el coraje del pueblo cordobés, especialmente valiosos en tiempos de incertidumbre.
Participaron del encuentro regional, el cardenal Ángel Rossi SJ (Córdoba) y los obispos Sergio Buenanueva (San Francisco), Enrique Eguía Seguí (Deán Funes), Adolfo Uriona FDP (Villa Concepción del Río Cuarto), Ricardo Araya (Cruz del Eje), Samuel Jofré (Villa María), Ricardo Seirutti (auxiliar de Córdoba), Horacio Álvarez (auxiliar de Córdoba), Alejandro Musolino SDB y Sergio Bosco (auxiliar electo de Villa Concepción del Río Cuarto)