En el marco de la celebración del día de José Gabriel del Rosario Brochero, patrono del clero argentino, la Iglesia de Córdoba peregrinó a Carreta Quemada, tierra que lo vio nacer, para dar gracias por su vida y renovar el llamado a seguir sus huellas.
La jornada, vivida el lunes 16 de marzo, reunió a sacerdotes, diáconos, seminaristas y fieles peregrinos que, con alegría y profunda devoción, se acercaron a rezar, agradecer y compartir la fe en comunidad.
La Eucaristía fue presidida por el Cardenal Ángel Sixto Rossi, acompañado por los obispos auxiliares Mons. Alejandro Musolino y Mons. Horacio Álvarez, junto a numerosos sacerdotes y diáconos de la arquidiócesis.
En su homilía, el Cardenal Rossi invitó a dejarse interpelar por una dimensión profunda del Evangelio que marcó la vida de Brochero: la “santa locura” del amor de Cristo. Una entrega sin cálculos, sin medidas, que no se guarda nada y que siempre busca salir al encuentro de los demás, especialmente de los más necesitados.
Retomando el testimonio del Cura Gaucho, recordó cómo muchas veces aparece la tentación de vivir una fe más cómoda, más prudente según los criterios humanos, pero alejada del dolor real de la gente. Frente a esto, Brochero se presenta como un pastor que eligió no apartarse, incluso cuando el camino era difícil, riesgoso o incómodo.
Su vida —marcada por el coraje misionero, la cercanía con los pobres y una profunda confianza en la Providencia— sigue siendo hoy un faro para la Iglesia. Un testimonio que invita a animarse a una fe encarnada, capaz de “mancharse en el barro del camino” para acompañar, consolar y sostener.
Durante la jornada, luego de la celebración eucarística, los sacerdotes compartieron también un momento de oración y reflexión, en un clima fraterno que fortaleció los vínculos y renovó el compromiso pastoral.
En este tiempo que vivimos, la figura de Brochero vuelve a resonar con fuerza como una invitación a salir de la comodidad, a dejarse conmover por el sufrimiento de los demás y a creer que, aún en medio de las dificultades, siempre es posible hacer algo por el otro.
Como Iglesia que peregrina en Córdoba, pedimos la gracia de dejarnos transformar por ese mismo amor que impulsó la vida del Cura Brochero: un amor cercano, valiente y profundamente humano.