El domingo 26 de abril, la Iglesia en Córdoba se unió a toda la Iglesia en la Argentina para recordar la vida y el ministerio del Papa Francisco, en el marco de la Jornada del Buen Pastor. Al cumplirse un año de su fallecimiento, la comunidad dio gracias a Dios por su servicio como Pastor de la Iglesia, en una celebración atravesada por la oración, la gratitud y la memoria viva de su legado.
En comunión con las diócesis de todo el país, esta jornada se vivió como un tiempo especial para renovar la fe y reconocer, en la figura de Francisco, un testimonio concreto de entrega, cercanía y amor por los más frágiles. En este contexto, la Comisión Episcopal de Liturgia propuso un subsidio celebrativo para acompañar este momento, alentando a las comunidades a unirse en distintas expresiones de oración bajo el lema del Buen Pastor.
La Santa Misa fue presidida por el arzobispo de Córdoba, Cardenal Ángel Rossi SJ, y concelebrada por el presbítero Javier Soteras, párroco de la Catedral. Participaron también autoridades de la Municipalidad y representantes de distintos credos, en un gesto de cercanía y comunión que acompañó este momento significativo para la Iglesia.
Desde el inicio, el Cardenal destacó la fuerza de esta imagen tan presente en la tradición de la Iglesia: un Pastor que “combina la fuerza del amor con la ternura”, que busca, carga, cura y da la vida por sus ovejas. Una imagen que —recordó— fue una de las primeras representaciones de Cristo en las catacumbas, mucho antes que la cruz.
Sin embargo, advirtió sobre el riesgo de reducir esta figura únicamente a los pastores ordenados. “Ser Buen Pastor no es exclusivo de obispos o sacerdotes”, expresó, señalando que se trata de un modelo de vida para todo bautizado, llamado a cuidar, acompañar y salir al encuentro de los demás, especialmente de quienes más lo necesitan.
A lo largo de la homilía, el arzobispo también evocó la profundidad del Salmo 23: “El Señor es mi pastor, nada me falta”, como una experiencia de confianza que atraviesa la vida, incluso en medio de la oscuridad. Una imagen que —compartió— ha iluminado la fe de generaciones y sigue siendo fuente de consuelo en los momentos difíciles.
En este contexto, la figura del Papa Francisco apareció como un testimonio concreto de ese estilo pastoral: cercano, misericordioso y comprometido con los más frágiles. Su vida —marcada por gestos de ternura y una Iglesia en salida— fue presentada como un faro que sigue iluminando el camino de la Iglesia hoy.
“Una de las tareas del Buen Pastor consiste en “hacer salir a las ovejas…”. Y eso es lo que hizo el papa Francisco con nosotros: nos hizo salir. Salir a las periferias. A todas las periferias: a las geográficas, a las periferias existenciales, a esos espacios que nos desinstalan, que nos inquietan, que nos sacuden de las dormideras, de la mentira de una fe de buenitos, que viven juzgando la fragilidad humana, en vez de abrazarla… que apuestan a una santidad sin riesgos, obsesionada en la práctica por una fidelidad enfermiza de ritos estériles y anacrónicos pero carente de rostros, desencarnada, farisaica …”
Finalmente, el Cardenal Rossi invitó a renovar el compromiso de vivir una fe encarnada, que no se quede en palabras, sino que se traduzca en gestos concretos de cuidado, cercanía y entrega. En este tiempo de memoria agradecida, la comunidad fue convocada a seguir caminando con esperanza, dejándose guiar por el Buen Pastor y animándose a ser reflejo de su amor en medio del mundo.
Lee la homilía completa acá: https://drive.google.com/file/d/1PCeyKtv0DIeUMH6CQDALR-K1bVsuRlVQ/view?usp=sharing