Este domingo 18 de mayo, la Iglesia vivió un momento histórico y profundamente conmovedor: en una solemne misa celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV dio inicio oficial a su ministerio como Obispo de Roma y sucesor de Pedro. Desde el Arzobispado de Córdoba, nos unimos con gozo a toda la Iglesia universal para agradecer a Dios este nuevo comienzo.
La ceremonia estuvo marcada por la sencillez, la profundidad espiritual y una fuerte dimensión fraterna. Ante miles de fieles de todas partes del mundo y en presencia de autoridades civiles y religiosas, el Papa recibió el palio y el Anillo del Pescador, símbolos de su nueva misión. En un gesto significativo, comenzó la celebración rezando ante la tumba del apóstol Pedro, acompañado por los Patriarcas de las Iglesias Orientales.
Durante su homilía, el Santo Padre se presentó con humildad:
“Fui elegido sin tener ningún mérito y, con temor y trepidación, vengo a ustedes como un hermano que quiere hacerse siervo de su fe y de su alegría.”
Inspirado por el pasaje evangélico del diálogo entre Jesús y Pedro en la orilla del lago de Tiberíades, el Papa León XIV destacó que la autoridad cristiana solo puede entenderse desde el amor y el servicio.
“El ministerio de Pedro está marcado precisamente por este amor oblativo, porque la Iglesia de Roma preside en la caridad y su verdadera autoridad es la caridad de Cristo.”
Con palabras que tocaron los corazones de los presentes, el Papa nos llamó a construir una Iglesia unida, fermento de reconciliación para un mundo herido:
“Quisiera que este fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado.”
León XIV denunció con claridad las heridas de nuestro tiempo —el odio, la violencia, el miedo al diferente, la exclusión— y nos animó a mirar a Cristo como fuente de esperanza:
“Nosotros queremos decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!”
Finalmente, el Papa nos dejó una expresión que ya resuena con fuerza en el corazón de los fieles:
“¡Esta es la hora del amor!”
Una invitación a abrir los brazos al mundo y caminar juntos, como un solo pueblo, hacia Dios.
Acompañamos con oración y esperanza este nuevo tiempo en la vida de la Iglesia. Que el Espíritu Santo guíe al Papa León XIV en su ministerio y que podamos todos ser testigos fieles del amor que no excluye, del Evangelio que abraza y de la unidad que construye.
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