El pasado jueves 14 de agosto, Córdoba se vistió de fiesta y esperanza para celebrar el Día del Educador Católico. Más de 3000 docentes de toda la arquidiócesis se reunieron en una jornada memorable, marcada por la alegría, la reflexión y el profundo compromiso con la misión de educar. Fue un encuentro que superó todas las expectativas, demostrando la vitalidad y la fuerza de la comunidad educativa.
La jornada, organizada por la JAEC (Junta Arquidiocesana de Educación Católica), comenzó en la emblemática Plaza Colón, donde un ambiente festivo de música y animación preparó los corazones de los asistentes para lo que vendría. La caminata hacia el Colegio Pío X fue un verdadero signo de comunidad, un peregrinar colectivo que reflejaba la unidad en el propósito. En el colegio, los educadores compartieron un reconfortante chocolate y escucharon atentamente la charla de Fernando Khun, un momento de formación que reforzó el sentido de su vocación.
Uno de los puntos culminantes de la jornada fue el gesto simbólico del Jubileo “Peregrinos de Esperanza”. Cada escuela elaboró un paño de 40×40 cm, una pieza de arte y fe que expresaba la respuesta de la comunidad a la pregunta del Jubileo. Estos paños, al unirse, formaron un impresionante mural comunitario que fue bendecido durante el encuentro, simbolizando la unidad y el trabajo conjunto en la construcción de un futuro más esperanzador.
El cierre de la jornada fue un momento de profunda espiritualidad. En una Eucaristía presidida por el Cardenal Ángel Sixto Rossi SJ y concelebrada por el obispo auxiliar Mons. Alejandro Musolino y sacerdotes pertenecientes a las distintas comunidades educativas, se elevó una oración de gratitud por la vocación docente. En su homilía, el Cardenal Rossi invitó a los educadores a ser “soñadores despiertos” y a rechazar el fatalismo, destacando la importancia de restaurar la esperanza en sus alumnos y de personalizar la educación en un mundo masificado.
Expresamos nuestra inmensa gratitud a cada uno de los más de 3000 educadores que se sumaron a este encuentro. Su presencia, su alegría y su compromiso son el motor que impulsa la educación católica en nuestra arquidiócesis. Gracias por ser faros de esperanza, por sembrar valores y por construir puentes en cada aula. Y, por supuesto, un agradecimiento especial a todo el equipo de JAEC que trabajó incansablemente para que esta jornada fuera un verdadero éxito. Su dedicación y esfuerzo hicieron posible un evento lleno de significado y esperanza.
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