Con profunda gratitud y alegría, concluimos nuestra Novena Patronal Arquidiocesana celebrando el Jubileo de las Personas con Discapacidad, en el Cottolengo Don Orione, junto a tantas comunidades que viven y testimonian el Evangelio desde la ternura, la fragilidad y la esperanza.
El encuentro, presidido por el Cardenal Ángel Rossi sj, fue un verdadero canto a la vida y a la inclusión. Participaron Apadim, la Escuela Especial Don Orione, la comunidad de Alegría, el Hogar San Camilo, el Cottolengo , el Centro de Día Don Orione, entre otros, que compartieron cantos, gestos y una fe sencilla que tocó el corazón de todos.
En su homilía, el Cardenal invitó a mirar la realidad con esperanza y confianza, recordando que “somos hijos de la Divina Providencia: no desesperemos, sino confiemos mucho en ella”. Y animó a todos a vivir una caridad activa y concreta:
“Seamos apóstoles de caridad, alegremos del bien ajeno como si fuera nuestro propio bien; sembremos obras de bondad y de amor, y enjuguemos las lágrimas de los que lloran.”
La presencia de nuestra Madre del Rosario del Milagro en el Cottolengo fue un signo de consuelo y cercanía para todos. Bajo su mirada, la comunidad celebró con emoción y gratitud, sintiendo que su visita cerraba la novena como un regalo de amor de Dios para toda la Iglesia de Córdoba.
El Cardenal Ángel nos recordó también que “la caridad no puede ser ociosa: está hambrienta de acción y conoce lo eterno y divino”. Y nos invitó a caminar con María, confiando en su protección:
“Estrechémonos a María Santísima y estaremos a salvo. De Ella podemos y debemos esperarlo todo.”
Fue una jornada llena de luz y esperanza, donde la discapacidad se vivió no como límite, sino como un camino de encuentro, de fe compartida y de amor que transforma.
Con el corazón agradecido, damos gracias a Dios por este cierre de fiesta, por la vida de tantas personas que nos enseñan a mirar con los ojos del alma, y por la certeza de que cuando caminamos juntos, el amor siempre vence.