El trabajo de temporada en Córdoba no siempre es lo que parece
En este tiempo donde nuestra provincia se convierte en el hogar de muchos visitantes y turistas de distintas partes del país y donde muchas personas frecuentan los centros turísticos en búsqueda de una oportunidad laboral, no siempre encuentran en la “temporada” lo que buscan. No podemos ignorar que, bajo el brillo de los ríos y el bullicio de los festivales, palpita una realidad de fragilidad que clama por ser vista.
Como nos advierte frecuentemente nuestro Arzobispo, el Cardenal Ángel Rossi, no podemos ser una sociedad que “mira para otro lado” mientras en nuestros centros turísticos hay hermanos que “no llegan a la mesa”. La alegría del descanso de unos no puede cimentarse sobre el agobio y la desprotección de otros. Observamos con profunda preocupación realidades que duelen y que interpelan nuestra conciencia colectiva:
- La informalidad como forma de exclusión: Muchos cordobeses y trabajadores “golondrina” sostienen buena parte de la temporada desde la precariedad, sin cobertura social ni garantías mínimas, pasando a ser parte de lo que el Papa Francisco llamaba la “economía del descarte”. Entendemos que la presión económica es un desafío para quien emprende, pero la sostenibilidad de un negocio no puede ser a costa de la vulneración de derechos básicos.
- La valorada hospitalidad, solo para algunos: La verdadera hospitalidad cordobesa no es solo una sonrisa al turista; es también —o debería apoyarse en— equipos de trabajo motivados y con condiciones dignas donde la justicia social incluya al que sirve. Valoramos y alentamos a aquellos empresarios que, con gran esfuerzo y honestidad, cuidan a su gente incluso en tiempos de crisis. Pero no hay hospitalidad real si el trabajador es “invisible” y se le imponen jornadas extenuantes bajo el asfixiante sol del verano sin el debido descanso.
- Riesgos depositados en otros: Denunciamos la práctica injusta de trasladar una pérdida al eslabón más débil, como suele suceder con el descuento de las “mesas que se van sin pagar” del magro jornal de los mozos o la falta de ambientes dignos en cocinas que superan temperaturas extremas. Si bien estas prácticas no representan a todo el sector, su persistencia nos obliga a un llamado urgente a la ética mínima del trabajo.
- El grito de los más pequeños: Nos conmueve ver a niños y jóvenes que, en la noche de nuestras peatonales, ofrecen mercancías mínimas como un talismán contra el hambre, recordándonos que la vulnerabilidad no se toma vacaciones. Esta es una herida social que nos interpela a todos —Estado, empresarios y sociedad civil— y nos exige respuestas coordinadas que protejan efectivamente la infancia.
Próximos a celebrar este año el 50º aniversario de nuestro beato coterráneo Obispo Angelelli, quien nos invitaba frecuentemente a tener “Un oído en el Evangelio y otro en el Pueblo”, hacemos un llamado a los distintos sectores intervinientes en el desarrollo del turismo en nuestra provincia, al sector empresarial, sindical y demás organizaciones de la sociedad civil, a edificar un verdadero consenso y un plan de abordaje de estas problemáticas.
El éxito de una temporada no se mide sólo en el porcentaje de ocupación hotelera, sino en la dignidad con la que vive y trabaja cada cordobés que la hace posible. Renovamos el llamado a un consenso que garantice y viabilice los medios para que el trabajo de temporada sea pan para todos y no una máscara de explotación.
Que nuestra Córdoba sea famosa no solo por la belleza de sus paisajes, sino por la grandeza de su corazón al cuidar privilegiadamente a sus ciudadanos más frágiles.
Vicaría de los Pobres – Arquidiócesis de Córdoba – Febrero de 2026