En el marco de la Semana Santa, y en sintonía con la invitación de nuestro arzobispo, el Cardenal Ángel Rossi SJ, a salir del centro para ir al encuentro de las periferias geográficas, estructurales y existenciales, compartimos el Viernes Santo que vivió la comunidad de Cosquín.
Allí, junto al pueblo de Dios que peregrina en esa localidad, el arzobispo Ángel celebró la Pasión del Señor, en un clima de profundo recogimiento y oración. Frente a la Cruz, fuimos invitados no solo a contemplar el misterio del amor de Cristo, sino también a reconocer nuestras propias cruces, aquellas que forman parte de la misión concreta de cada uno.
Como nos compartía el arzobispo, la cruz no es algo abstracto o lejano: toma forma en la vida cotidiana, en lo que cuesta, en lo que duele, en las luchas y desafíos que atravesamos. Y es precisamente allí donde el Señor se hace presente, sosteniendo, animando y caminando con su pueblo.
Luego de la celebración, la comunidad se reunió para rezar el Vía Crucis por las calles de la ciudad. Niños y jóvenes de la catequesis representaron cada estación, ofreciendo un testimonio vivo y esperanzador de la fe. Su entrega y participación fueron signo de una Iglesia que sigue caminando, confiando en las nuevas generaciones y reconociendo en ellas un verdadero tesoro para el presente y el futuro.
El recorrido, que convocó a familias enteras, fue también expresión de un pueblo que no pasa de largo frente al dolor, sino que lo asume, lo reza y lo transforma en camino compartido.
Al finalizar, el Cardenal Rossi animó a todos a sostener la esperanza, incluso en medio de las dificultades, y a traducir lo vivido en gestos concretos de cercanía, especialmente hacia los más frágiles: los enfermos, los ancianos, quienes están solos o atraviesan momentos difíciles.
Así, este Viernes Santo en Cosquín se vivió como una verdadera experiencia de Iglesia en salida: cercana, encarnada, que camina con su pueblo y se deja interpelar por su realidad.
Sabemos también que, a lo largo y a lo ancho de toda la arquidiócesis, numerosas comunidades se reunieron para celebrar la Pasión del Señor y rezar el Vía Crucis, de maneras diversas: representados, actuados, caminados, rezados en silencio. Esta expresión tan viva de fe nos llena de esperanza y nos permite reconocer cuánto amor y cuánto compromiso hay en nuestro pueblo.
Desde la Arquidiócesis agradecemos profundamente a toda la comunidad de Cosquín por abrirnos las puertas, por la calidez del encuentro y el testimonio de fe compartido.
De manera especial, al padre Carlos, párroco de Nuestra Señora del Rosario, por su invitación y por el acompañamiento en esta jornada tan significativa.
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