Como Iglesia de Córdoba, vivimos con profunda alegría las celebraciones centrales de la Pascua en la Catedral de Córdoba, donde una gran cantidad de fieles se acercó para compartir juntos la Vida nueva que brota de la Resurrección.
En la noche del sábado celebramos la Vigilia Pascual, presidida por nuestro arzobispo, el cardenal Ángel Rossi, junto al padre Javier Soteras. En esta celebración, la más importante del año litúrgico, pasamos de la oscuridad a la luz, renovando la certeza de que Cristo ha vencido a la muerte y que su vida se enciende también en nosotros.
En este marco, celebramos con especial alegría que Andrea recibió los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, signo concreto de esa vida nueva que Dios sigue regalando y de una Iglesia que sigue naciendo y renovándose.
A través de los signos —el fuego nuevo, el cirio, la Palabra y el agua— fuimos entrando en el misterio de una esperanza que no se apaga. Como un fuego pequeño pero firme, la luz de Cristo se fue compartiendo de unos a otros, recordándonos que estamos llamados a ser luz en medio de la vida.
Este domingo, la celebración de la Misa de Pascua también volvió a reunir a muchos fieles en la Catedral, en un clima de alegría y comunidad, para proclamar juntos que Cristo vive y que la esperanza no defrauda.
En su homilía, el cardenal Rossi nos invitó a ponernos en camino hacia la tumba vacía, a buscar en lo concreto de nuestra vida los signos de Cristo resucitado.
Nos animó a preguntarnos por nuestro propio camino: si avanzamos hacia el encuentro con el Señor o si quedamos detenidos por el miedo, la tristeza o la falta de esperanza.
En un mundo atravesado por tantas “oscuridades”, nos recordó que la Resurrección no niega el dolor, pero lo supera, abriéndonos a una alegría más profunda y verdadera. Una alegría que es llamada, que es decisión, que es camino.
También nos invitó a reconocer las “piedras corridas” en nuestra propia vida: esos momentos, situaciones o heridas donde el Señor ya ha actuado, abriendo caminos donde parecía no haber salida.
La Pascua —nos decía— es un nuevo comienzo. Es dejar que algo muera en nosotros, pero también permitir que algo nuevo nazca, que algo amanezca en nuestra vida.
Como Iglesia, seguimos caminando este tiempo pascual con una certeza: el Señor ha resucitado y sale a nuestro encuentro. Y nos invita, una vez más, a dejarnos renovar por su Vida.
¡Felices Pascuas!
LEE LA HOMILIA COMPLETA DEL CARDENAL: https://drive.google.com/file/d/1pGKufaJz5KcVnWat-HetjWdwDVCseyR4/view?usp=drivesdk