Hay manos que no solo curan el cuerpo, sino que sostienen el alma cuando la fragilidad aprieta. Este 12 de mayo, en el marco del Día Internacional de la Enfermería, la comunidad de Córdoba se reunió para agradecer a quienes son presencia y consuelo en los momentos más difíciles de la vida.
En una emotiva ceremonia presidida por el Cardenal Ángel Rossi, la Arquidiócesis de Córdoba abrazó esta vocación inmensa. El encuentro, que tuvo lugar a las 10:00 horas en el Hospital Materno Neonatal, no fue solo una misa de acción de gracias, sino un espacio de profunda reflexión sobre la misión de quienes trabajan en el servicio de salud.
El hospital como “Tierra Sagrada”
Durante la homilía, se definió al hospital no solo como un centro médico, sino como un ámbito donde el alma necesita descansar. Se comparó la labor hospitalaria con una “tierra sagrada”, un lugar donde la fragilidad humana se encuentra con la contención espiritual. En este sentido, se subrayó que, a diferencia de las jerarquías del mundo, Dios no mira las apariencias ni los cargos técnicos, sino el amor y la entrega con que se realiza cada tarea.
El valor de la enfermería y el cuidado cercano
Uno de los momentos más significativos fue el homenaje a la figura del enfermero y la enfermera, descritos como los “paracaidistas” del enfermo. Se recordó que, mientras el médico cura técnicamente, el enfermero sana con el trato cercano, la sonrisa y la delicadeza. Para ilustrar esto, se citó el testimonio del Papa Francisco, quien afirmó haber sido salvado por una enfermera que tuvo la delicadeza de no darlo por muerto cuando la medicina parecía no tener más respuestas.
Un acto profético en la niñez
En el ámbito pediátrico, el Cardenal destacó que cuidar la fragilidad de los niños es un acto “testimonial y profético”. El modo en que el personal de salud los protege es un reflejo de cómo Dios cuida a la humanidad.
La jornada concluyó con la bendición de las manos del personal: esas manos que acarician, que controlan sueros y que secan lágrimas. Bajo la premisa de Santa Teresa, “Cristo no tiene otras manos más que las nuestras”, se celebró el envío de los agentes pastorales, renovando el compromiso de ser instrumentos de ternura en la tierra.