En un gesto de cercanía, escucha y fraternidad, el arzobispo de Córdoba, Ángel Rossi sj, recibió esta mañana, en la Catedral de Córdoba a personas que trabajan cobrando el estacionamiento, conocidos popularmente como “Naranjitas”.
El encuentro, que era esperado por muchos de ellos en medio del proceso y el contexto social que atraviesan, tuvo como objetivo generar un espacio de diálogo, escucha y acompañamiento. Durante la reunión se compartió un momento fraterno, una oración y también palabras de agradecimiento por parte de algunas de las personas presentes, quienes valoraron especialmente la posibilidad de ser recibidos, escuchados y mirados con dignidad.
En sus palabras, el cardenal Rossi retomó el legado y la mirada del Papa Francisco sobre las personas que viven situaciones de extrema vulnerabilidad. En ese sentido, expresó que la Iglesia sostiene una postura clara de inclusión, acompañamiento y defensa de quienes quedan muchas veces en los márgenes sociales.
El arzobispo recordó especialmente el llamado permanente del Papa Francisco a no criminalizar la pobreza ni responder únicamente desde la sanción o la exclusión frente a realidades atravesadas por la falta de oportunidades, las adicciones y la fragilidad social. También destacó la importancia de acompañar estos procesos desde la cercanía, promoviendo caminos de integración, contención y trabajo digno.
En la misma línea, subrayó que “si retrocede la economía popular, avanza la economía criminal”, haciendo hincapié en la necesidad de generar respuestas humanas y comunitarias que permitan sostener la dignidad de las personas y abrir horizontes de esperanza.
Durante el encuentro también se recordó el impulso que el Papa Francisco dio a iniciativas como los Hogares de Cristo, espacios que buscan acompañar a quienes viven situaciones de consumo problemático, exclusión y vida en la calle desde una lógica de comunidad y abrazo fraterno.
Además, el cardenal Ángel Rossi invitó a los presentes a abrir las puertas y el corazón a otros hermanos que deseen sumarse a las cooperativas y a los espacios de trabajo comunitario. Retomando una expresión muy querida por el Papa, animó a construir comunidades donde haya lugar para “todos, todos, todos”, promoviendo vínculos de acogida, fraternidad y cuidado mutuo.
La reunión concluyó en un clima de respeto, emoción y escucha mutua. Un gesto sencillo, pero profundamente significativo, que buscó hacer visible el llamado de la Iglesia a salir al encuentro de quienes más sufren, promoviendo siempre una cultura del cuidado, la fraternidad y la esperanza.