En el Jueves Santo, la Iglesia celebra el don de la Eucaristía y el mandamiento del amor hecho servicio. En ese marco, el gesto del lavatorio de los pies vuelve a ponerse en el centro como signo concreto del estilo de Jesús: un amor que se arrodilla, que se acerca y que se entrega.
Este año, en la Arquidiócesis de Córdoba, ese gesto se hizo visible en distintos lugares, especialmente allí donde más se necesita: en la Penitenciaría de Mujeres de Bower y en la comunidad de barrio La Tela.
Un gesto que abraza en medio del dolor
En la Penitenciaría de Mujeres de Bower (Establecimiento Penitenciario N° 3), el arzobispo, Cardenal Ángel Rossi sj, presidió la Misa de la Cena del Señor junto al capellán, padre Daniel Nardini.
En ese contexto, el lavatorio de los pies se volvió un signo profundamente conmovedor. Al arrodillarse ante mujeres privadas de su libertad, el gesto hizo visible una certeza del Evangelio: nadie queda fuera del amor de Dios.
A su vez, también fueron lavados los pies de los sacerdotes presentes, en un gesto cargado de fraternidad, que expresa que en la Iglesia nadie está por encima de otro, sino que todos estamos llamados a servirnos mutuamente desde el amor.
Durante su homilía, el Cardenal recordó que Jesús conoce el dolor de cada persona, porque también fue juzgado, condenado, abandonado y herido. Y dejó un mensaje de esperanza: la vida de cada una es valiosa, y Dios no se cansa de esperar, de perdonar y de amar.
También las invitó a cuidarse entre ellas, a escucharse, a sostenerse y a hacer de su espacio un hogar, manteniendo viva la esperanza de volver a encontrarse con sus seres queridos.
La celebración fue reflejo del acompañamiento constante de la Pastoral Carcelaria, que a lo largo del año se hace presente con cercanía, escucha y servicio, llevando el consuelo del Evangelio en medio de realidades complejas.
Un gesto que reconoce el servicio de todos los días
Ese mismo Jueves Santo, el lavatorio de los pies también se vivió en barrio La Tela, donde la comunidad se reunió para celebrar la Cena del Señor.
Allí, el arzobispo presidió la Eucaristía junto al padre Melchor López, párroco de Nuestra Señora de la Misericordia, en una celebración marcada por la cercanía y la vida compartida del barrio.
En esta oportunidad, el gesto tuvo un significado especial: los pies fueron lavados a hombres y mujeres que, a lo largo del año, “lavan los pies” de tantos hermanos en la vida cotidiana.
Personas concretas del barrio —servidores, madres, trabajadores, educadores, agentes de salud, catequistas, quienes acompañan a personas en situación de vulnerabilidad— fueron reconocidas como signo vivo de ese servicio silencioso y sostenido.
Uno de ellos, Osvaldo, padre de familia y trabajador, quien abrió las puertas de su casa para recibir a personas en situación de calle, ofreciendo un lugar donde descansar y volver a empezar. En su vida concreta se hace visible ese Evangelio que se vuelve techo, mesa compartida y abrazo.
También fueron lavados los pies de Clara, del Centro Barrial Madre de Misericordia, que acompaña a personas atravesadas por el dolor y las adicciones, recibiéndolas con ternura y ayudándolas a volver a ponerse de pie. En ella se refleja ese corazón de madre que no suelta y siempre vuelve a intentar.
Como expresó el padre Melchor, en ellos “lavamos los pies a tantos hermanos y hermanas que, durante todo el año, hacen de su vida un servicio”.
De este modo, el gesto dejó de ser solo un rito para volverse una llamada concreta: seguir haciendo de la propia vida una entrega, especialmente hacia los más frágiles.
Una misma invitación
En contextos tan distintos como una comunidad barrial y una unidad penitenciaria, el gesto fue el mismo. Y el mensaje también: el amor de Dios se hace servicio.
Hoy, ese gesto sigue siendo una invitación para todos. Como si el mismo Jesús nos dijera: “te paso la palangana, la jarra y la toalla”.
Un llamado a hacernos cercanos, a cuidar a los más vulnerables y a vivir una fe que se traduzca en obras concretas.
Porque ahí, en lo pequeño, en lo sencillo, en lo cotidiano, es donde el Evangelio sigue tomando cuerpo.